sábado, julio 24, 2010

Pro-vida

La derrota para la Iglesia Católica (o al menos para su liderazgo) que significó la aprobación del matrimonio igualitario y el reciente debate por el protocolo del Ministerio de Salud para reglamentar lo que dice la ley argentina al respecto, ponen sobre la mesa el tema del aborto.

Los grupos que están en contra de su legalización se autodenominan "pro-vida" (del inglés "pro-life"), y afirman que por más que un embarazo no deseado sea inconveniente para la embarazada, abortar es matar a una persona, y matar está mal.

Los grupos que están a favor se autodenominan "pro-elección" (pro-choice) y dicen que la mujer debe tener libertad para decidir si llevar o no el embarazo a término, porque es una decisión sobre su propio cuerpo.

Ante estos planteos iniciales, yo digo: ¡tienen razón los antiaborsitas! Si efectivamente se trata de un ser humano, terminar con su vida no parece una solución justa.

Los argumentos de los pro-choice, si partimos de esas premisas, me parecen todos deficientes. La "libertad" que piden sería la libertad de matar personas indefensas.

Pero aquí viene el tema que los pro-abortistas (no entiendo por qué) jamás debaten: ¿es realmente una persona eso que se desarrolla en el útero de la embarazada?

Y la respuesta, para mí, es "depende".

Los antiabortistas dicen que sí, que siempre es una persona, desde el momento de la concepción, cuando el óvulo se une con el espermatoziode. Lo interesante viene cuando preguntamos por qué la unión del óvulo y el espermatozoide crea una persona.

Hay dos respuestas posibles: la primera es que, al unirse, el material genético del padre y la madre se sintetizan de una forma única, creando el del niño. Eliminar ese ser en formación, con su ADN personal que lo identifica como tal, entonces, sería matar una persona. Pero este argumento tiene un defecto: si el ADN "único" es lo que define a una persona, matar a uno de dos mellizos idénticos no sería un homicidio. Es obvio que eso es incorrecto, por lo que el intento de definir a la persona a partir de su tenencia de un ADN único, "nuevo", "irrepetible", parece estar mal.

Vamos, entonces, el otro argumento: "lo que los define como personas es que tienen un alma". Ese argumento, que parece a primera vista mucho peor que el del ADN, creo que es en realidad mejor. Claro que yo soy materialista, y no creo en las almas inmateriales de existencia indemostrable que suelen postular los antiabortistas (muchos de ellos religiosos), y entonces me pregunto: ¿dónde está eso que los humanos antiguos llamaban "alma", "espíritu", eso que hace únicas a las personas, eso de donde nacen sus sentimientos, sus ideas, sus motivaciones, sus ganas de comerse un sánguche? La respuesta, dura, materialista, fría, y bastante fácil de demostrar, es: en el cerebro. Más precisamente: en la corteza cerebral. Sin ella no hay percepción, sentidos, movimiento, voluntad, deseo, consciencia, nada de todas esas cosas que caracterizan a las personas.

¿Tiene corteza cerebral ese ser en desarrollo antes de salir del cuerpo de su madre? A los 8 meses sí. Y a las 2 semanas no. En algún punto intermedio empiezan a ser personas. Poco desarrolladas, incapaces de mantenerse por sí mismas o contar hasta 10 (características que comparten con un bebé de 6 meses, por cierto) pero personas.

-----

¿Qué dice la ley argentina actual? Que el aborto es ilegal SIEMPRE salvo en casos de violación, demencia o riesgo de salud para la madre.

¿Qué piden hoy los pro-choice? El último proyecto de ley presentado en Argentina habla de legalizar el aborto en todos los casos que sean dentro de las primeras 12 semanas de gestación, además de casos de violación y de riesgo para la salud de la madre.

Considerando que a las 12 semanas de gestación el feto no posee señal alguna de actividad cerebral, a mí me parece que lo que proponen es una mejora muy significativa. Para la salud y la libertad de las madres, para el bienestar de las familias y también para los niños.

-----

El problema es que los "pro-choice" argumentan mal. Casi siempre. Insisten en la "libertad de la mujer", "el cuerpo de la mujer", etc, y se olvidan de que el núcleo del debate para la mayoría de los que se oponen (y para mí también) es otro: ¿se trata efectivamente de una persona eso que lleva a cuestas una mujer embarazada? Y lo más increíble es que si se metieran en ese nudo, tendrían las de ganar.

Mientras se eluda esa pregunta, un montón de gente seguirá en contra de la reforma que proponen, y para muchos las palabras del Papa sonarán más coherentes que las de los militantes pro-choice, y no necesariamente porque sean palabras del Papa (a quien seguramente ignoran cuando recomienda no usar preservativos).

Personalmente, nací en familia católica como la mayoría de los argentinos, pero dejé de serlo mucho antes de entender por qué el aborto no estaba necesariamente mal, porque preferí quedarme con mi opinión minoritaria antes que coincidir con lo que la mayoría me decía que era lo correcto sin dar buenas razones sobre por qué.

Es que en todos los debates que tenía con defensores del aborto nadie sabía explicarme qué diferencia había entre un bebé recién nacido y el mismo un rato antes de nacer, pero se concentraban en el derecho de la embarazada a hacer lo que dispusiera con él en vez de meterse en el asunto de cuándo pasa a ser un "él".

De haberlo hecho, me hubieran sacado de la ignorancia mucho antes. Pero hete aquí que años después sigo viendo que en todos, pero todos los debates públicos sobre esto, los únicos que discuten (con un argumento errado, pero al menos lo intentan) cuándo empezar a considerar personas a los nonatos son los que se autodenominan "pro vida". Y por eso van ganando el debate.

Así que yo haré campaña por el proyecto que presentan los "pro-elección". Pero lo llamaré "pro-vida".

----

Lecturas recomendadas: los posts sobre el tema en el blog de Severian, que explica mucho mejor que yo el problema.

lunes, mayo 03, 2010

Separate but equal

Separados pero iguales

Como en muchos otros lugares del mundo, los negros en Estados Unidos fueron prácticamente una clase social, usados de mano de obra esclava y tratados más o menos a la par de un buey de arado. La gran mayoría de los negros eran esclavos y la gran mayoría de esclavos eran negros. Abolir la esclavitud fue sólo un paso en una larga batalla por la igualdad que aún están muy lejos de ganar. Hoy, si sos negro, tenés entre 6 y 7 veces más posibilidades de terminar en la cárcel que si sos blanco.

Pero hasta hace algunas décadas, la situación era aún peor. Como en muchos estados había que pagar para votar, los negros -que mayoritariamente eran pobres-, se quedaban sin derecho a voto. En algunos lugares, se podía votar "si tu abuelo había votado", cosa difícil cuando tu abuelo había sido esclavo. Había escuelas para blancos y escuelas para negros, y es muy fácil adivinar cuáles tenían más recursos. En parques y colectivos había zonas para unos y para otros, y los matrimonios interraciales estaban prohibidos. Entre otras cosas.

Tras años de lucha y concientización, las ideas de igualdad se volvieron algo más aceptadas, y llegó un momento en que al menos ya varios no tenían la cara para decir que los blancos eran y deberían ser siempre superiores a los negros en derechos, así que había que apelar a estrategias más sutiles para negárselos. Una de ellas fue la de decir: "Estamos a favor de la igualdad, claro, pero queremos que cada uno conserve el lugar que le corresponde". "Hay escuelas para blancos y escuelas para negros porque... bueno, cada una se adapta mejor a las necesidades de cada grupo, y además es una cuestión de tradición, siempre fue así y al país le funcionó muy bien". "Nadie está en contra de los negros pero sabemos que los blancos tienen menos tendencia a drogarse y cometer crímenes, hay que tener cuidado de no poner en peligro a otros sólo por cambiar una ley". Etc.

No estamos en contra de la igualdad, pero tampoco nos vayamos al carajo, o sea, este... no da, eso es comunista o algo así, feo.

Pasado un tiempo, y tras algunos triunfos importantes de los movimientos de derechos civiles en los 60 (como el de conseguir una ley nacional que prohibiera varias de las prácticas antes mencionadas), también pasó a quedar muy mal argumentar algo de esto en público. Así que hubo que ser más sutil todavía. Cuando Reagan fue a la búsqueda del voto racista en los 80 no pudo decir ninguna de aquellas animaladas, pero pudo apelar a los mismos sentimientos con otras palabras. Lo que en los 60 era "separate but equal" en los 80 se transformó "states rights", esto es: los derechos de los estados a tener leyes distintas de las que dicta la nación, lo cual entre otras cosas significaba: el derecho de los estados racistas a recuperar la potestad de sancionar leyes discriminatorias prohibidas por la ley nacional de derechos civiles de 1964. También apareció el término "welfare queens", una forma sutil de decir "negros que viven del estado", entre otros.

En fin. Antes que al lector le venga la tentación nacionalista de reírse del gran país del norte, recordemos que acá no hemos sido mejores: cuentan los historiadores que directamente los mandamos a morir en la Guerra del Paraguay.

Pero si el lector sigue interesado en darle de comer a su orgullo nacionalista y tiene ganas de decir "en nuestro país somos mejores que otros en algo", le recomendamos que preste atención a lo que sigue:

---

También ha sido un fenómeno mundial (aunque las razones no sean exactamente las mismas) la discriminación de otro grupo de personas: los que tenían preferencias sexuales distintas de una determinada norma.

Tras años de lucha por la igualdad de derechos, hoy ya no se los condena a muerte, cárcel o castración por llevarlas a la práctica, pero la desigualdad persiste en muchos otros aspectos. A nivel discursivo, esto se refleja en una suavización de las palabras de los que defienden las desigualdades, igual que en Estados Unidos en los 60: "yo no tengo nada contra los homosexuales, pero...", "yo estoy a favor de que tengan los mismos derechos, pero hay que tener cuidado con que adopten pibes". O sea: se siguen pidiendo restricciones a sus derechos porque se los considera peligrosos, pero se lo dice de forma tal de que al menos haya una coartada para negar que eso es lo que se está buscando.

En Argentina, ha sido tal el avance en los últimos años, que hoy ya casi no se puede salir a hablar en contra del derecho de matrimonio (pese a que por ahora sólo se ha logrado en otros 7 países) sin al menos proponer la alternativa reducida de la "unión civil" (que es legal en muchos más lugares), con la excusa de que "a mí me preocupan los pibes" o "hay que defender la institución del matrimonio" o algo de eso. Es por esto que la unión civil ya es un hecho en este país, aunque todavía no la haya sancionado el Congreso. Más temprano que tarde, si los grupos que hoy impulsan el matrimonio aceptan quedarse con eso, va a pasar.

Pero, como con todos estos pequeños avances, habrá que recordar varias cosas:

1) El nuevo status quo seguirá siendo desigual e injusto.
2) Si se logró algo parcial, no fue por pedir ese algo casi como quien pide permiso, sino por exigir lo que correspondía y luego, en todo caso, negociar.
3) Se puede celebrar lo que ya se consiguió: el cambio en la consciencia colectiva que hizo que ya pocos se animen a oponerse a la igualdad abiertamente, y que sólo un par de excusas algo más sutiles queden en pie de entre las miles de animaladas utilizadas antes ("son enfermos", etc.). Pero no habrá mucho que celebrar si la actual disputa parlamentaria termina en unión civil en vez de matrimonio.

Separados pero iguales

lunes, febrero 22, 2010

Cuando tenés un martillo, todo parece un clavo

Vaya esto como preámbulo a un post que tengo pendiente hace rato, que debería titularse "Versos de los economistas, hoy: 'mirá qué bueno cómo crece el PBI'".

Se inunda la ciudad, y Billie me pasa un viejo post de un blog con unas ideas bastante interesantes:

Los funcionarios dicen que eso se debe a las maldades de la madre naturaleza, a que los vecinos sacan la basura fuera de hora o que los adversarios políticos se dedican a tapar lo sumideros para provocar el caos. Por su parte, algunos de esos adversarios políticos aventuran que el oficialismo no ha hecho todas las inversiones necesarias en infraestructura y que no se ha cumplido con las megaobras proyectadas para acabar con “el flagelo de las inundaciones”.

La realidad es que los vecinos y circunstanciales ocupantes de la ciudad son convidados de piedra ante un escenario preparado para que se produzcan esas inundaciones. Los funcionarios y “los emprendedores” inmobiliarios lo vienen preparando desde hace muchos años; los vecinos, desde entonces, están tratando de pararlos.

(...)

b) El auge de la construcción en propiedad horizontal, ya sea entre medianeras o en edificios de perímetro libre (torres), eliminó la existencia de terrenos privados absorbentes.

c) Durante el siglo XX se redujo la cantidad de espacios verdes públicos en más de 50 hectáreas. Esto, además de ser un perjuicio directo a la población porque se le eliminó la posibilidad de su disfrute, se constituyó en una sensible pérdida de superficie absorbente.

d) Las fundaciones de los edificios en altura implican excavaciones muy profundas que sobrepasan largamente las dos primeras napas de agua. Es a través de estas napas, que los terrenos aún absorbentes acumulan el agua y la envían al estuario. La red de bases de hormigón construidas, constituyen -subterráneamente- un verdadero dique a la evacuación de las aguas de lluvia, retrasando y muchas veces impidiendo el escurrimiento.

e) Los códigos indicaban la existencia de un “pulmón de manzana absorbente”. Esta obligación dejó de existir y desde hace muchos años se permite construir planta baja y primer piso en cada parcela, perdiendo así, el pulmón de manzana, su condición de permeabilidad.

f) Las calles de la ciudad estaban empedradas en un nivel por lo menos 20 cm por debajo de la vereda. Las sucesivas pavimentaciones y repavimentaciones sobre el adoquinado original ha invertido esa relación; las calles (salvo la cuneta de hormigón) han quedado más altas que las veredas, facilitando así la inundación inmediata de estas.

(...)

Todo esto es sabido y reconocido por profesionales y técnicos de diversa extracción, pero dirigentes políticos y funcionarios siguen proponiendo megaobras de transporte, almacenamiento y evacuación de aguas de lluvia (como el peligroso proyecto de los túneles aliviadores del Maldonado) que significan gastos extraordinarios -aún con endeudamiento externo- pero sin contemplar la posibilidad de parar de construir, parar de impermeabilizar y ejecutar proyectos vecinales como son los de generar nuevas tierras absorbentes en los predios que son del dominio público del Estado Nacional dentro de la ciudad


Vivimos en un sistema económico que se ha mostrado capaz de lograr un aumento sin precedentes históricos en la producción material, pero donde la única alternativa posible para evitar el colapso es la de hacerlo crecer constantemente.

Para más o menos cualquier serio economista de saco y corbata, consultado por un medio de comunicación en calidad de "experto", una economía está "sana" si está creciendo; la solución a cualquier problema (pobreza, hambre, desempleo) es en general crecer, hacer más cosas, producir más, mover más guita.

Esto pone a la humanidad ante el gran riesgo de agotar los recursos finitos de los que dispone para mantener este crecimiento (tierras, energía, aire limpio, etc.), pero nada de esto hace que el señor de saco y corbata cambie su diagnóstico: hay que hacer más cosas, hay que crecer.

Por fuera de estas coordenadas, se piensa y se dice poco. ¿Distribuir mejor los recursos? ¿Usarlos en forma más racional, menos derrochadora? No cuaja demasiado bien (salvo en algunos momentos excepcionales) dentro de esta lógica, no es lo que el sistema sabe hacer. Lo que hace es juntar ganancias, ver dónde es negocio volver a invertirlas, volver a invertir en aquello que dé más guita, juntar los dividendos de esta inversión, buscar otra y así. Si no hay otra, no habrá inversiones, y por ende no habrá trabajo ni ingresos, los políticos no tendrán con qué responderle a la población que los votó, etc. Como consecuencia, vivirán haciendo lo posible por no perder su trabajo de políticos, buscando que sí haya reinversión, aumento de la producción, etc.

Y cuando todo lo que tenemos es un martillo, todos los problemas parecen un clavo. Entonces: ¿hay inseguridad? Necesitamos más policías, más y mejores cámaras, alarmas, portones, rejas. ¿Hay hambre? Necesitamos aumentar la producción de comida (pese a que la que existe hoy mundialmente sobra para alimentar a todo el planeta). ¿Hay desempleo? Hay que conseguir más cosas para producir (!) en vez de distribuir mejor las horas de trabajo entre todo el mundo. ¿Nos estamos morfando todos los recursos naturales del planeta gracias a este frenesí? Hay que descubrir más recursos de alguna forma, sacar petróleo del fondo del océano o de algún país que aún se obstine en no abrir las puertas de sus reservas al mercado, rogar que se invente alguna forma nueva de obtener energía, sacar agua de las piedras. ¿Frenar el tren antes de estrellarse contra el muro? A nadie se le ocurre. Mejor construir una rampa o ver si se lo puede atravesar, y si eso hace que luego caigamos al abismo desde una gran altura vayan armando una colchoneta gigante, con grandes resortes que intenten redirigirlo hacia otra vía aún más rápida (?), y así.

No soy el primero que plantea esto, pero lo que me resultó relativamente nuevo fue este planteo adaptado al tema inundaciones. ¿Qué solución se piensa? Más obras, más entubaciones, más laburo, más cemento. Obviamente esto puede ser perfectamente adecuado en ciertas ocasiones, pero lo que planteo en esta entrada es justamente que no lo va a ser siempre. No todo son clavos, no siempre hace falta martillar, y a veces martillar puede que sea justamente el problema, como explica el citado arquitecto (nos quedamos sin espacios verdes para absorber agua, etc.). La solución a los problemas del mundo no necesariamente tiene que ser producir más y más cosas, martillar más y más, pero en la caja de herramientas que desarrollamos como especie en los últimos siglos casi todo lo que tenemos son martillos de distinto tamaño.

Eso, se dice, es progreso: ¡mire cuánto más grande es el último martillo que hemos hecho, nunca en la historia se han podido clavar tantos clavos a la vez! Hasta que un día, de tanto martillar tan fuerte, se nos venga abajo la pared.

martes, noviembre 17, 2009

Si ellos son la patria yo soy extranjero

(este post debió haber salido hace mínimo un par de semanas, pero el tiempo es tirano)

En Gran Bretaña el gran debate del momento gira alrededor de la invitación que la BBC le dio al fascista Partido Nacional Británico (BNP) a participar de un programa de preguntas y respuestas. El partido en cuestión, si bien está muy lejos de ser mayoritario, viene ganando lugar en los últimos tiempos con la crisis económica. Es que una de sus nefastas ideas, entre varias otras, es la de decirle a las víctimas de la crisis que su situación tiene un culpable claro: los polacos, los turcos, los "musulmanes" (que a sus ojos son un gran bloque uniforme), en fin, los inmigrantes de todo tipo que "invaden" el país y les "sacan el trabajo" ("Dey took ar jobs!!" Gritan exaltados).

Pero esta estrategia no necesariamente debería tener éxito. Al fin y al cabo, el BNP está en general mal visto y cuando habla en público suele ocultar un poco sus aspectos más desagradables (simpatías con viejos alemanes bigotudos, negación del holocausto, en fin) para no espantar tan fácilmente. El problema es que la crisis es real, y quien pierde su laburo o su casa quiere tener alguna alternativa a la situación actual, y la supuesta alternativa del laburante promedio debería ser el partido que para algo se llama "Laborista", ¿no? Sí, y de hecho hoy son gobierno, pero... ehh... bueno, resulta que ahora el laborismo es el "nuevo" laborismo, un laborismo muy particular que se gana los elogios de Margaret Thatcher, la ex presidenta del Partido Conservador cuyo legado el laborismo se suponía que venía a transformar, y que se fuma el dinero público rescatando a los mismos bancos que causaron la crisis económica, lo cual lo obliga a recortar los fondos que podrían ir a ayudar a los perjudicados por la crisis para paliar su situación.

Entonces se acerca el tiempo de las elecciones y los laboristas proponen recortar el gasto público, los conservadores proponen recortar el gasto público, los "liberales-demócratas" están hegemonizados por la facción interna que dice que hay que achicar el gasto público... y se acabaron los partidos grandes con chances de ganar. ¿Qué alternativa hay? Y ahí aparece -entre otros, ya que hay otros partidos chicos relativamente más grandes- el BNP, o crece el voto en blanco y en consecuencia se beneficia el BNP, etc. (y no son sólo los votos, que quizás sería lo de menos: aumentan la cantidad de asistentes a manifestaciones racistas, las golpizas a musulmanes, etc.)

Echarle la culpa a los inmigrantes o afirmar que hay que defenderse de ellos se vuelve lugar común, pero curiosamente no sólo a través de estos partidos minoritarios explícitamente racistas. Todos los partidos grandes tienen algún tipo de política anti inmigrantes. El "Nuevo Laborismo" llegó hasta a utilizar un slogan tan pedorramente xenofóbico que cuesta creer que sea cierto en un país tan -teóricamente- plural y multiculturoso: "British jobs for British workers". En una buena nota en uno de los diarios más pasables que hay para leer en el mundo, el Guardian inglés, dicen justamente esto: "poner a un político del Nuevo Laborismo a debatir con el líder del BNP es poner a la causa a debatir contra el síntoma". Es una pena que los mismos medios británicos que a veces notan esto otras veces le hayan hecho el juego a los peores aspectos del nuevo laborismo y otros pseudoprogres.

Aún pese a eso, no faltan, para sumarse al circo, los que le echan la culpa a los partidos o medios de comunicación progresistas por no ser suficientemente... de derecha, claro. Esta tapa de diario -sacada de acá, donde pueden ver varias más- es un ejemplo imperdible, una joya del periodismo mundial.

Casi nadie parece atreverse pensar que el problema quizás no sea la inmigración sino que la guita que perfectamente podría usarse en garantizar salud, empleo y salario mínimo para todos se esfumó en proyectos que la mayoría de la población nunca apoyó, como el mencionado rescate de los bancos, o el armarse hasta los dientes para matar negritos en países lejanos.

En medio de este panorama deprimente, otra noticia que en principio no tenía nada que ver me terminó de cagar el día. En Uruguay se volvió a votar por el no juzgamiento de los represores de su dictadura (ya de por sí es increíble que haga falta votar para convencer al Estado de que quien tortura tiene que ir preso). Pero al menos el magnífico relato de Benito me dejó, sobre el final, con algo así como una sonrisa:

Cuando Luis Eduardo González dio las primeras proyecciones de resultados, la gente con la que estaba saltó de alegría: el único dato que consideraba confirmado era el único que para varios de los que estábamos allí era esencial; había triunfado la papeleta rosada, es decir, se había anulado la Ley de Caducidad.

Las semanas anteriores habían sido de una creciente angustia; al silencio casi total publicitario se había sumado un mucho más inexplicable silencio por parte de los principales actores de la izquierda, que parecían que era mucho más importante dedicarle infinitas declaraciones al hecho de si se es más de verdad si se vive en tal o cual modelo de casa. Pero cerca, demasiado cerca, de la recta final, la gente -no la izquierda institucionalizada- pareció despertar y pegar el grito acerca de algo evidente: la anulación de la Ley de Caducidad corría gran peligro de no ganar, y algunas encuestas aseguraban que cerca de un 40% de los votantes de la izquierda no pensaban apoyarla. Sin embargo en las dos últimas semanas hubo una reacción, y muchas elecciones se han ganado en las últimas dos semanas; si bien el FA seguía en un silencio ominoso, mientras se dedicaba a hablar hasta por los codos de cualquier otra cosa, las encuestas comenzaron a darle chance de vida a la moción, e incluso uno se encontraba con muchos votantes de los partidos tradicionales que te decían que también querían sacarse de encima esta vergonzosa ley de mierda.

Con la convicción de que en ese tema, el que me importaba, se había ganado, decidí que me merecía tomarme un trago a la salud del exorcismo popular que se acababa de lograr. Al llegar al bar, atravesando multitudes que gritaban como locos consignas acerca del gran triunfo del FA y de Pepe Mujica, veo a un conocido inclinado sobre la mesa. Me acerco a pedirle fuego, suponiéndolo borracho, pero cuando levanta la cabeza veo que está llorando. No lo conozco tanto y el llanto de un hombre me parece algo privado, así que prendí el cigarrillo, le agradecí y me metí en el bar. Adentro todo el mundo estaba muy serio y cuando me concentro en la pantalla dónde estaban pasando los resultados de las elecciones me doy cuenta de que las mediciones del Sordo habían fallado: el pleibiscito había fracasado y la Ley de Caducidad no había sido anulada por un 2%.

(...)

Hace veinte años sentí, cuando ganó el voto amarillo y se confirmó la Ley de Caducidad, que el mundo moral en el que creía se derrumbaba y que estaba rodeado por la oscuridad; hoy sin embargo no sentía lo mismo -a pesar de que las condiciones para que no sucediera lo mismo otra vez eran infinitamente mejores, una ventaja inútil-, sino simplemente una especie de cansancio resignado. En un mes habrá ballotage y se decidirá si es mejor tener a José Mujica como presidente o a Luis Alberto Lacalle; el panorama es favorable a Mujica, pero no tan seguro como creen algunos que hoy se me acercaban a decirme que no importa, que en noviembre esta decepción se va a convertir en felicidad y que el cambio no se va a detener en Uruguay. Tengo que darles la razón, el cambio parece estar yendo a mucha más velocidad de la que yo creía. Pero en otra dirección.

Me parece bien que se movilizen durante este mes por eso, se los dejo a ellos y a su oposición binaria entre países posibles. El país al que creo que yo pertenezco no contó en estas elecciones y no va a contar en el ballotage. Y acaba de ser derrotado, en forma definitiva. Uruguay acaba de marcar el hecho histórico de ser el único país que conozco que ha decidido, en forma democrática, no castigar a los peores monstruos de su historia moderna no una sino dos veces. Eso sí que es algo nuevo en el mundo, mucho más original que el Plan Ceibal. A más de cien años de la reforma educativa vareliana, a más de 70 de la impresionante modernización social de José Batlle y Ordóñez, a más de 50 del inesperado e improbable triunfo de Maracaná, tal vez sea un mojón sobre el que se edifique una nueva nacionalidad viscosa, ante la que me declaro permanentemente extranjero.

Por suerte queda gente con la loca idea de que el lugar donde a uno lo parieron no vale por ese simple hecho ni una moneda más que cualquier otro.

domingo, octubre 18, 2009

Perfume progresista


La publicidad massmediática, al menos tal como la conocemos hoy, tiene algo inescapablemente perverso en su funcionamiento. Se trata básicamente de esto: empresas necesitadas de apelar a todos los recursos a su alcance para colocar sus productos en mercados que ya suelen estar saturados de ellos. En su afán de lograrlo, mentir, insultar, amenazar, segregar y apelar a todo tipo de disvalores están por supuesto entre las posibilidades. Así aparecen las publicidades que a casi cualquier persona sensata le molestan: Gerardo necesita un celular para no ser un boludo, Doña Rosa necesita puertas triplemente blindadas en su casa para que no la afanen los negros, vos necesitás tal o cual bebida alcohólica para conquistar al sexo opuesto, etc. Pero no todas las publicidades son así, claro. Otras apelan a hacer chistes en relación al producto (inclusive, algunas raras veces, hasta puede que por un accidente cósmico apelen a hacer un chiste que cause gracia), o a mostrar cosas que nada tienen que ver con él (culos, por lo general), o inclusive a criticar a las publicidades anteriormente mencionadas, a dar mensajes de paz y amor a la naturaleza, a los abuelos y a los niños, a la familia, los amigos, las razas todas y el prójimo en general. "¿Y entonces, por qué decís que sí o sí tiene que haber algo de perverso, nabo?" Porque, básicamente, están apelando a todas esas cosas, por más nobles que sean, para venderte algo que nada tiene que ver con ellas. Benetton puede llenarse de dólares en nombre de la ecología, Sprite en nombre de la autenticidad, Nike del jogo bonito y Mc Donalds del software libre, ¿qué importa?

Se dice que en la guerra la primera víctima es la verdad. La lógica detrás de la afirmación es que, como cada bando quiere ganar, hará todo lo posible por convencer a cuantos pueda de que es el bando bueno y por ocultar cualquier información inconveniente para sus intereses o difundir otra que sí le convenga, sea cierta o falsa.

La lógica de la publicidad en el circuito económico es la hacer que el producto parezca cuanto más útil / bueno / bello / necesario / deseable sea posible. La forma ideal en que el dueño de una empresa podría medir la efectividad de su departamento de marketing sería con una simple formulita que comparara el valor real del producto (o, si prefieren, el percibido antes de lanzar la campaña) con el percibido luego. Cuanto más se logre inflar esta diferencia, más efectivo será considerado el departamento. El diseño de cualquier departamento de publicidad estará hecho entonces en función de eso, que será su única razón de ser.

No es difícil ver el paralelismo. (¡se venden libros haciéndolo! No estoy inventando nada)

Como cada empresa quiere ganarle a la otra, éstas harán todo lo posible por convencer a cuantos puedan de que sus productos son los mejores, y por ocultar cualquier información inconveniente para sus intereses o difundir otra que sí convenga, sea cierta o falsa. ¿Las mentiras generarán víctimas? Posiblemente, pero bueno. En toda guerra hay daños colaterales.

Ahí la tenemos a mi abuela, con su celular comprado hace 7 meses, desde el cual ha hecho un total de 0 (cero) llamadas, y recibido exactamente la misma cantidad. Dinero bien gastado, sin dudas, si uno cree religiosamente que el mercado no se equivoca.

Engañar es una industria lucrativa y necesaria para que la rueda gire aceitada. Y no es que sea culpa del que allí labura, de más está aclarar. De hecho esa persona podrá poner esfuerzo y buenas intenciones para que los mensajes que de allí salgan sean lo menos idiotizantes, discriminadores, engañosos o lo que sea, y estará bien de su parte si lo hace, pero la lógica de fondo parece mucho más difícil de subvertir: la publicidad se trata de crear ilusiones, y cuánto mejor sea ese mundo ilusorio que la realidad, siempre que el receptor se lo crea, mejor.

Y bien, yendo entonces al punto: ¿Qué debo pensar entonces cuando la campaña del hoy presidente de Estados Unidos es premiada como "la mejor del año" por la Asociación Nacional de Publicistas, superando a titanes del marketing como Apple?

La campaña fue muy efectiva desde el punto de vista de estos muchachos, seguro. Pero ya vimos cuál es su punto de vista: cuanto más se aumente el valor percibido de lo que se quiere vender, mejor. ¿Cuánto se aumentó el valor de Obama a los ojos de los millones de tipos que bienintencionadamente le creyeron a su promesa de "cambio"?

Lo primero que hay que notar es que para mucha gente la idea de "cambio" encarnada por Obama es algo muy vago, porque sus palabras y los comerciales que lo publicitaban fueron en general vagos y ambiguos. Así, cada votante puede adherir a los significantes "cambio", "esperanza", "fe" y otros que se revolearon, su propio significado, y terminar sintiéndose identificado con el candidato, aunque ese significado imaginado esté bastante distanciado de lo que en realidad Obama propone en su letra chica, o lo que termina haciendo.

Una de las ideas circulantes era que Obama era un candidato "anti guerra". Había criticado la invasión a Irak, dicen, y eso entusiasmaba a muchos de sus simpatizantes. ¿Pero qué clase de crítica hizo a la guerra? En realidad nunca se opuso a ella, y la apoyó desde el principio, confirmándolo con sus votos en el senado. Pero llegó un punto en el que los planes estadounidenses en Irak empezaron a frustrarse por la resistencia iraquí, y entonces buena parte de los demócratas que habían apoyado esta invasión completamente ilegal, incluyendo a Barack, empezaron a decir que bueno, en realidad se cometieron errores, bla bla bla. Tomaron distancia. Aunque no la suficiente como para que Obama se resistiera a decir, cuando lo corrían por derecha en las entrevistas pre-electorales en Fox News, que la escalada realizada hace un par de años por el gobierno de Bush de este crimen que ya se cobró un millón y medio de muertos fue un "éxito más grande que lo que jamás hubiéramos soñado". Aún así, siguió siendo visto por sus votantes progresistas como un tipo opuesto a la guerra. ¿Qué hizo Barack cuando llegó a la presidencia? Postergar la fecha de retirada de Irak establecida por Bush, ¿y qué más hará?, apuesto que tampoco irse del todo en el 2012 que ahora es la teórica fecha de retirada. Esto sin mencionar que aumentó la cantidad de tropas en Afganistán (cosa que habría prometido en la campaña, como parte de este glorioso "cambio") e invadió de paso Pakistán, además de presentar el presupuesto militar más alto de la historia mundial.

Se decía que Obama iba a recuperar la capacidad de "diálogo" de Estados Unidos con el mundo, arruinada en teoría por Bush. Si bien es cierto que el primer mandato de Bush había sido un pico de confrontación de Estados Unidos con todo lo que lo rodeara y no le respondiera "sí querida" (incluyendo la ruptura con Naciones Unidas y la OTAN para invadir Irak por ejemplo), en el segundo las cosas se habían calmado un poco -sin por eso abandonar su histórico standard injusto y delirante-. Con respecto a este segundo mandato de Bush, es difícil en contrar cambios sustanciales.

Fue en ese mandato donde hubo un pico de tensión entre el Estado liderado por el gobierno republicano e Irán. Hoy se le dice a Irán que debe abandonar sus planes nucleares, aún cuando no está demostrado que esté buscando tener armas atómicas, mientras los aliados de EEUU y Estados Unidos mismo pueden unilateralmente cagarse en esto y en los tratados de no proliferación nuclear con los que Irán sí cumple. Obama mantiene, de hecho, que "no descarta ninguna opción" con respecto a Irán, es decir que no descarta atacarlo porque sí debido a sus inexistentes armas que tan preocupados están por encontrar. No sé por qué esto me suena conocido, parecido inclusive a lo que hicieran Jorgito Arbusto en su primer mandato y sus antecesores demócratas contra un país de similar nombre. Hoy ya se discute acerca de la necesidad de "sancionar" a Irán, como se hizo criminalmente con Irak en su momento, prohibiendo el ingreso al país de boludeces tales como medicamentos.

¿Y quién fue el presidente de Estados Unidos durante esas sanciones? Bill Clinton, marido de la hoy funcionaria de primera línea del gobierno de Obama, Hillary, esa bella mujer que tiene la cara lo suficientemente dura como para decir que el problema actual en Irak es que "los iraquíes fracasaron en la oportunidad que les dio el ejército estadounidense de construir una democracia, y tienen que hacerse responsables".

Pero estábamos hablando de los parecidos con los republicanos, no con anteriores adminsitraciones demócratas, así que volvamos. ¿Quién recuerda cuando, una vez que se verificó que no había ninguna "arma de destrucción masiva" en Irak, las excusas para la guerra empezaron a cambiar retroactivamente? De repente fue porque "Irak tenía conexiones con los perpetradores de los atentados del 11 de septiembre de 2001, cosa que también se demostró falsa. Entonces se dijo que la cosa era derrocar al (antes aliado, ahora malvado) Saddam. Y cuando se lo derrocó que era "consolidar la democracia". Y ahora creo que es "promover los valores modernos occidentales" o algún verso parecido. Bien: en Afganistán está pasando algo similar. Inicialmente se decía que el objetivo era agarrar a Bin Laden y destruir los campos de entrenamiento de Al Qaeda en la región luego del 11 de septiembre, pero ahora cuando se ve que la guerra no parece tener demasiado que ver con esto el objetivo pasa a ser "luchar contra el fundamentalismo talibán", "instaurar/defender la democracia" (pese a que el último presidente apoyado por EEUU ganó con un escandaloso fraude) y "combatir las drogas". No queda muy claro exactamente qué significaría para Estados Unidos ganar la guerra, así que bien podrían quedarse toda la eternidad en Afganistán hasta que se cumplan estos vaporosos y cambiantes objetivos.

El argumento de que al menos el discurso de Obama ha cambiado y es más proclive a invitar al diálogo y la construcción internacional de consensos que su predecesor se desmorona cuando uno analiza y compara los discursos y nota que son muchas veces lisa y llanamente indistinguibles.

Saliendo un poco del terreno internacional, otra de las demandas históricas de muchos demócratas es la de reformar el desastroso sistema de salud norteamericano, carísimo para el estado y los consumidores e inaccesible para millones que se quedan sin tratamiento alguno, un issue central para muchos votantes, que seguramente lo sería para mí también si yo votara. Muchos esperaban que sacar a los republicanos del ejecutivo reemplazándolo por quien fuera, sumándole a eso la mayoría demócrata en ambas cámaras del congreso, abriría las puertas para tal cosa. Bien: eso sucedió, pero el reemplazo fue un tipo que nunca se comprometió con la loca idea de que todo el mundo debe tener derecho a la salud y un partido que está más o menos igual de comprado por quienes hacen millones del negocio de negarle cobertura a la población que el republicano.

Aún así, la crisis era tal que algo había que hacer, hasta parte del sector empresarial pedía reformas porque demasiada gente estaba faltando al trabajo y la productividad estaba descendiendo debido al colapso de la salud, y eso por no mencionar el ritmo al que crecen los costos de los parches que el Estado pone al sistema por no solucionarlo, preocupante si se tiene en cuenta el nivel de endeudamiento del país.

Entonces algo se empezó a debatir, y hoy se habla efectivamente de una reforma. ¿Se propuso cambiar el sistema privado por uno público como en la amplísima mayoría de los países del primer mundo, donde la salud es como consecuencia mucho mejor y más barata? No, el presidente y varios senadores lo descartaron de arranque porque sería muy extremista, zurdo, feo, ajeno a los valores tradicionales del país de la libertad. ¿Al menos entonces crearía una opción pública para competir con la privada pero sin fines de lucro, cosa que la haría mucho más barata y obligaría a la privada a bajar sus precios para que no se le vayan todos los clientes a la pública? Naaah, dijeron las compañías de seguro y sus senadores comprados: ¡eso sería muy injusto para las pobres empresas! (sic) Así que no va a haber, y si hay se dice que será tratando de no hacerla tan barata (imagínense: salud barata, ¿qué horror, no? ¡Hay que evitarlo a cualquier costo!). Hmm... entonces, ¿reforma del sistema de patentes para abaratar los medicamentos? No fucking way, obviamente ellos también tienen su dinero hábilmente invertido en los partidos políticos. ¿Qué reforma se puede hacer entonces, ya que está prohibido siquiera negociar más o menos en serio con los responsables de los costos siderales de la salud? Claro que sí: ¡más parches costosos! Para que luego los republicanos, si llegan a aprobarse los parches, vean los crecientes costos y digan: ¿ven? ¡Tal como les dijimos, el Estado es ineficiente! ¿Para eso querían reformas? ¡Basta de salud pública! ¡Con Bush estábamos mejor! Y una pila de analistas y horas de campaña televisiva vuelvan a convencer a suficiente cantidad de gente de que tienen que volver los republicanos al gobierno, ahora más corridos a la derecha que nunca, para arreglar los despelotes de ese tremendo "zurdo" irresponsable de Obama.

Como dice Matt Taibbi, uno de los periodistas yanquis que vale la pena leer, "una de las reglas inmutables de la política en el congreso norteamericano es que los progresistas serán siempre cagados por sus propios líderes ni bien se les presente la oportunidad". Una vez más, parece que se está cumpliendo.

Así que quizás pase un plan, quizás no, pero ¿cuánta diferencia hará en el mediano plazo para los 40000 norteamericanos que mueren por año por falta de cobertura y los muchos más que mueren por mala cobertura, sin mencionar a todos los que sufren innecesariamente aunque de alguna forma sobreviven? ¿Cuánto tiempo más puede esperar por una reforma decente gente que se está muriendo hoy (como por ejemplo este blogger recientemente incorporado a la nueva sección angloparlante del sidebar)? Aparentemente, tendrán que esperar a que el sistema termine de colapsar, con todas las consecuencias que eso genere, para que a alguien se le ocurra replantearlo en serio.

Mientras tanto, que sigan los éxitos de la administración progresista que rescata con millones de millones de dólares sacados de fondos públicos a las empresas que causaron la crisis económica, que se niega a enjuiciar a los tipos que en el gobierno anterior cometieron los mismos crímenes por los que luego de la segunda guerra mundial se colgó a varios nazis (es decir: invadir un país sin justificación alguna), que se sigue considerando con derecho a imponerle sus deseos a cualquier país que se le antoje, que financia y apoya gobiernos criminales en medio mundo (Israel, Colombia, Egipto, etc.), y que tampoco siquiera -como podría decirse de europa- se preocupa demasiado por el bienestar de sus propios ciudadanos...

No sé ustedes, pero a mí me da la sensación de que se parece mucho a la Baby Malibú de siempre.

-¡Pero el sombrero es negro nuevo!

¡Ah, entonces sí! ¡Qué "cambio" de la puta madre! Ya se nota en la atmósfera. Es la suave fragancia del perfume progresista. Aunque puede que no alcance para tapar el olor de la creciente pila de muertos.

sábado, septiembre 13, 2008

Discurso del método

¿Cómo se entiende la gente, y cómo deja de entenderse? Comunicándose, en principio. ¿Por qué nos cuesta comunicarnos más con algunas personas que con otras? Ahí se pone interesante el tema. Es evidente que si hablamos con un malayo nos costará mucho más entendernos que si lo hacemos con otro argentino o hispanoparlante. Para comprender algo de lo que queremos decirnos deberemos apelar a lo que tengamos en común. Quizás intentemos con el inglés, idioma hablado bastante universalmente, y allí podamos establecer un diálogo que avance un poco mejor, al menos lo suficiente como para que me explique dónde está la embajada Argentina, que estoy perdido en Kuala Lumpur y no sé qué bondi tomarme para volver a La Paternal. Pero quizás no sepa inglés. ¿Entonces? Usaré gestos. Así quizás podría darle a entender algo (por ejemplo, que me duele la panza), pero mi problema es bastante más complejo (¿cómo corno fui a parar a Kuala Lumpur desde la cancha de Argentinos Juniors? Es difícil que el señor se lo imagine, o que tenga siquiera idea de la existencia del barrio de La Paternal), así que necesito algo mejor. Se me ocurre pedirle papel y algo para dibujar, todo esto con señas, y lo saca de su mochila. Allí garabateo un mapa mundi, y le señalo la Argentina, el lugar a donde quiero volver, o una bandera de España e Inglaterra o EEUU y un señor hablando, para pedirle si me puede comunicar con alguien que hable un idioma que yo entienda.

Lo que ocurría en el ejemplo era que el Malayo y yo no compartíamos el mismo código. Para entendernos, tuvimos que buscar uno en común, en el que aunque fuera compartiéramos algo muy mínimo (como en el de los gestos) para desde allí empezar a edificar algo en común, a entendernos. Él entendió mis gestos y me dio el lápiz y el papel, y allí ya teníamos un código donde podíamos compartir más cosas. Mediante él, conseguí que me comunicara con otro malayo de la zona, uno angloparlante, que hizo de puente entre ambos, traduciéndome del inglés al malayo y al malayo al inglés. Fue allí finalmente cuando el malayo dijo "aaaaaaaaaaaaaaaaaaah!" y pudo empezar a ayudarme. Además, ante cualquier duda, podía preguntar claramente: "¿tienes dinero para volver a Buenos Aires?", por ejemplo. Con el puente en el medio, todo es más fácil, y podemos ir entendiéndonos con mayor precisión. Ya tenemos, al menos, lo fundamental: un método, que inclusive fuimos y podemos seguir perfeccionando.

Podemos desentendernos parcialmente, pero no será un problema insoluble, porque tendremos el método allí para corregir el malentendido. Si algo se traduce erróneamente en el largo camino que hace el mensaje hasta volver a mí en forma de respuesta (yo---> traductor---> malayo---> traductor----> yo, cambiando de idioma y pasando de la pregunta a la respuesta en el medio), lo puedo repreguntar, o puedo detenerme y decir: "momento, dígale que yo quería saber cómo llegar a la embajada Argentina, no española, español es lo que hablo, no lo que soy". Y él puede hacer lo mismo si no me entiende algo, o hacerlo con el traductor si no le entiende a él. Y así.

---

A veces un equipo juega bien y pierde. El árbitro no les cobra un penal, o les echa injustamente a un jugador, o les anula un gol válido, o tienen mala suerte y pegan tres tiros en los palos y les ganan con un gol de carambola. Pero termina el partido y el jugador dice, tranquilo: "jugando como hoy, vamos a ganar más partidos de los que perdamos". Aunque algunas cosas les hayan salido mal. Aunque se hayan equivocado en la definición de todas las chances de gol que crearon. Saben que eso se puede mejorar, que todo es perfectible, pero tienen confianza porque van por buen camino. Porque tienen un buen método.

Más importante que dar en el blanco, pequeño saltamontes, es tirar correctamente. A la larga, de hecho, probablemente des en el blanco más veces que el que haya dado en él tirando de cualquier forma pero teniendo un poco de suerte.

La frase del tiro al blanco no es mía sino que se la pido prestada a Jack Celliers, a quien he visto citarla más de una vez en el mejor blog que conozco (quien conozca uno tanto o más interesante que me lo presente), ya que originalmente pertenece a... ¿a quién? A algún filósofo Zen, que no sé bien quién es. No importa.

El blog de Jack es, justamente, un buen ejemplo de esto que quiero exponer. El blog vale por sus posts, pero además por sus comments. Allí suelen darse unos debates sumamente jugosos (que el jugo también aparezca en el título del blog, sospecho, no es mera coincidencia), con todo tipo de protagonistas, de los que hay una gran diversidad. ¿Por qué ahí? Porque entre esos variados comentaristas hay unos cuantos que tienen precisamente un buen método de debate. Amigos, por lo menos, de la lógica formal, que es un buen comienzo. Del debate franco (y paciente y apasionado al mismo tiempo, una difícil combinación) de ideas, de la coherencia, de la argumentación clara y de los hechos. De la búsqueda de la verdad y no de simplemente "tener razón". De concentrarse en lo que argumenta el otro, y no en el otro. Y otras virtudes. Que no están ni en todos ni todo el tiempo, pero alcanzan para que en el lugar se supere ampliamente la media de calidad con la que se debate en casi cualquier lado.

Otro buen ejemplo es la ciencia. Abundan hoy los pregoneros de la posmodernidad que despotrican contra ella, que hablan de que la forma en que sus verdades se imponen son autoritarias, que ante su sola mención ya dudan... "hmmm... hmmm... seguro que acá hay algún complot autoritario escondido detrás de estos Científicos Adoradores de la Razón" (todo con mayúsculas, para dar la impresión de que se la trata como a un Dios), etc.

Sin embargo, lo que ocurre es más bien lo contrario: la ciencia es profundamente democrática. Cuando digo "la ciencia" no me refiero a las instituciones científicas, ni a los científicos que las integran, ni a nadie en particular. Sino al método. ¿Método para qué? Para conocer el mundo. Digamos que yo pienso que en él ocurre A. Y otro, en cambio, afirma que B. ¿Cómo podemos resolver esta diferencia?

La alternativa posmo posiblemente sea: "bueno, cada uno tiene su verdad y hay que aceptarlas y tolerarlas". Esto al ojo poco atento le puede sonar muy democrático, pero tiene el defecto de ser una huevada, además de ser bastante peligroso. Si yo digo que la tierra fue creada por extraterrestres o que la raza aria es genéticamente pura y superior a las demás, estoy mintiendo, o al menos equivocado. Son estos ejemplos evidentes los que dejan precisamente en evidencia la falsedad de la idea de que cualquier afirmación es igual de respetable, una verdad posible, una forma de interpretar el mundo, tan cierta o falsa como las demás. Pero claro, me dirán, ¿no es exactamente esto lo que hacían por ejemplo los conquistadores españoles en américa? "Miren, estos indios no tienen idea de nada, son brutos, adoran a los dioses equivocados, hay que adoctrinarlos, si es necesario a patadas". ¿No es lo mismo decir que algunas cosas son claramente falsas y otras claramente ciertas? No. Porque el conquistador español, para decir qué es cierto y qué es falso, simplemente se basó en su palabra, o una autoridad, o en todas cosas que no podía compartir con el indígena, como sí se puede compartir, en cambio, la percepción del mundo. Y se las impuso. Esto nada tiene que ver con la ciencia.

El punto es el siguiente: puede ser imposible afirmar una verdad absoluta, objetiva e incuestionable, porque el universo no deja de cambiar y además es muy complejo, y nuestra percepción es falible y nuestro conocimiento sobre él es limitado, aunque mejora y se va perfeccionanando. Pero el mundo no por esto deja de ser cognoscible y manipulable, y esto sumamente útil para la especie humana: las vacunas, la rueda y la ley de gravedad, entre otras muchas cosas, lo demuestran.

¿Qué pasa si todas las verdades valen lo mismo? Damos pie a que cualquier cosa sea tomada como cierta, por más falsa que sea. Y en general en estos casos se imponen las "verdades" de los que tienen más poder, muy simple. El intelectual X dice que todas las verdades valen lo mismo, una persona Y dice que nadie tiene autorización divina para pegarle un balazo a otro, otra (Z) dice que sí, y va y se lo pega. "¡Bueno, che, actuó siguiendo su verdad, seamos plurales y tolerantes y aceptémoslo!", tendría que decir el intelectual para ser coherente (si es que le importa). Creo que se entiende el problema.

Otro problema es el que planteará no ya un posmo sino algún religioso (que no son tan distintos): la razón no es infalible, son los hombres los que razonan, pueden equivocarse. Yo prefiero algo infalible. Prefiero a Dios, o a la verdad que me fue revelada ayer cuando leía la borra del café. Ahá. ¿Y dónde está ese Dios, de dónde sacaste que lo que dice es la verdad última, dónde puedo verificarlo yo para estar tranquilo de que es así? Ah, no, no podés. Es una cuestión de fe. "¡Pero es la verdad posta!", me dice. Como en el caso anterior, terminamos con alguien que puede decir tener la posta por derecho divino, y reventar a alguno que le molestaba aduciendo que Dios se lo ordenó.

El religioso afirma que A... porque A. El posmo afirma que ni A ni B, o que A y B al mismo tiempo, da igual, es indemostrable, a quién le importa. Otro viene y dice: che, a mí me parece que B. ¿Soluciones? Claro, la postura democrática parece la del posmo. Pero ya vimos que tiene sus problemas. ¿A quién acudir para salirnos de este intríngulis?

Por suerte tenemos a nuestra amiga (o no tanto, porque a veces no es muy linda, pero tiene la ventaja de no ser inmutable): la realidad. Y aquí viene el científico. Que en realidad no tiene por qué ser ningún tercero -que eso sí puede traer problemas si luego no muestra lo que hizo- sino nosotros mismos, el que decía B, el que decía A, y todos los que quieran. Y lo verificamos. Experimentamos, u observamos, y aparecen los resultados, y ahí tenemos la respuesta. Igual para todos y a la que todos estamos en igualdad de condiciones de acceder por nosotros mismos: nada más democrático que eso.

Y ahí veremos si era A, o era B (o ninguna de las dos, y tenemos que seguir investigando, o parece que A pero no es del todo seguro, etc.). Lo interesante es que... ¡a lo mejor es A! ¡Tenía razón el religioso entonces! Al final la ciencia no sirve de un pomo, ven. Debo respetuosamente disentir.

Un tipo que dice que tiene poderes mágicos para leer el futuro puede decir que va a haber un terremoto mortal en el sureste asiático en el año 2009, y acertar (esperemos que para ese momento yo ya me haya logrado entender con el Malayo y subido a algún avión de vuelta a Ezeiza), pese a que ningún científico haya predicho lo mismo. Eso no quita que el tipo sea un chanta, y que su método sea un chiste. Si le preguntamos cómo adivinó, dirá "simplemente lo sabía", "mis poderes superiores me lo dijeron" y otros chamuyos. Entenderse con un tipo así es prácticamente imposible, porque todas las conclusiones a las que llega son arbitrarias, porque el método con el que llegó a ellas lo es. Aunque alguna vez acierte. En cambio otro puede tener un buen método y equivocarse (porque le faltan datos, o porque no se dio cuenta de algo, o lo que sea). Nos puede explicar lo que hizo, podemos darnos cuenta de dónde se equivocó, y decirle: "che, me parece que el problema fue que no tuviste en cuenta esto y esto". Y así podremos progresar, entendernos y hasta aprender sobre el mundo, la vida y nosotros mismos. E inclusive modificarlo, modificarla y modificarnos, pero a conciencia, sabiendo lo que hacemos, pudiendo decidirlo democráticamente ahora que todos partimos de una misma base, no decidida e impuesta por ninguno de nosotros sobre los demás. Al menos desde el punto de vista del método. Que es evidente que en el mundo de hoy no se respeta (haciendo posible así la invasión militar a países justificada en armas de destrucción masiva inexistentes, que de hecho sólo existen en los países invasores).

Hay aún otro terreno donde tengo ganas de plantear este tema. Uno muy interesante: las relaciones interpersonales.

El arquero que se para frente al blanco puede errar o embocar, como decíamos, pero lo importante era "tirar correctamente". A la larga embocaría, con un buen método, inclusive perfeccionando ese método que a su vez perfeccionará sus tiros. Lo que ocurre aquí es que el método en cuestión es para una actividad solitaria, que no depende de la interacción del arquero con otras personas. En el fútbol ya hay que entenderse con los compañeros de equipo, por lo menos, pero sólo dentro de la cancha y para unas pocas cosas (aunque el entendimiento en otras quizás ayude). En la ciencia, no siempre pero en general, el entendimiento no es con respecto a los que la practican (aunque tenga que ver con nosotros, como tiene que ver, digamos, la biología o las ciencias sociales; bah, en realidad creo que todas). Pero una relación interpersonal, me parece, se trata justamente de la construcción de una intersubjetividad conjunta, a nivel mucho más personal. No es que las subjetividades de los involucrados tengan que ser iguales (esto de hecho es imposible), sino que tienen que entenderse entre sí, o, mejor dicho: tener un método para entenderse.

¿Y cuál es el método para entenderse con otra persona? El mencionado al comienzo: la comunicación.

La solidez de una relación de pareja, por ejemplo, como de toda construcción, depende de una buena base, y la base la da ese método para entenderse, la comunicación. El método no es exactamente ni un fin ni un medio, o es ambas y ninguna al mismo tiempo: es interesante en sí mismo, como es interesante participar de un buen debate, y al mismo tiempo va abriendo (otras) puertas, como el buen debate también.

¿Pero sin eso, qué hay? ¿Puede subsistir una pareja? Bueno, poder puede, como subsisten miles, la mayoría quizás. Manteniendo la relación en un nivel superficial, yendo al cine y charlando del clima y el laburo, la licuadora que no prende o la PC que se reinicia sola; ignorando las disidencias, los conflictos y las asperezas, todo aquello que no cuaje demasiado, barriéndolo bajo la alfombra; haciendo equilibrio para que no estallen; bancándosela calladitos porque al menos uno de los dos no tiene interés en abrirse y comunicarse e intentar hacerse entender y conectarse con el otro y entonces aunque el otro lo intente termina chocando contra una pared, o peleándose constantemente; de alguna de estas formas, de todas estas juntas, o de alguna otra que tampoco esté muy buena. Sí, es posible. Pero habiendo posibilidades tanto más agradables, me parece que éstas no valen la pena.

Dos personas recostadas al lado de un río solitario escuchan el viento. En la orilla opuesta, a muchos kilómetros, otras dos hacen exactamente lo mismo.

Las primeras se toleran. Incluso uno secretamente odia una buena parte del otro. No puede entender, y piensa un segundo (o quizás ya se acostumbró, y no lo piensa, o quizás lo pensó ayer y hoy ya no le importa) cómo soporta a alguien que acaba de contarle cómo ayer puteaba porque la gente que busca cualquier excusa para cortar la calle no lo dejaba volver del laburo rápido o de decirle que al villero que ayer lo pungueó en constitución habría que fajarlo porque por lo menos hay pobres que son honestos y se esfuerzan en laburar o de espetar como quien escupe el cordón de la vereda que los judíos son todos codiciosos y chupasangres; o que mastica con la boca abierta, o siempre termina echándole la culpa cuando algo sale mal, o hace eso que siempre (o a veces, cuando me quedan ganas) le digo que me molesta y no le entiendo y sin embargo lo hace de nuevo y ni me lo explica; y sobre todo que nunca tiene interés de hablar por más de 5 minutos de ninguna de estas cosas, o cuando lo intenta no parece tener sentido, hay huecos y contradicciones por todos lados, ni siquiera se termina de entender. Pero en general ni eso, ni siquiera el interés de intentarlo. Todo queda oculto debajo de lo cotidiano.

Y el otro secretamente piensa lo mismo sobre otras tantas cosas que no puede entender, cambiando las ya mencionadas por otras opuestas o distintas. Ninguno lo dice, pero ambos lo saben, sólo que actúan como si no lo supieran. Los problemas están, las contradicciones existen, pero no se hace nada por resolverlas. Y uno recuerda al posmo que decía: "cada uno tiene su verdad, no tienen por qué ponerse de acuerdo, hay que aceptarlas y tolerarlas". ¿Es esto algo que hay que tolerar? ¿Algo que siquiera hay que aceptar?

Las de enfrente, cruzando el charco, parecen igual de apacibles, o al menos están igual de inmóviles. Pero uno acaba de preguntarle al otro por qué siempre hace algo que tampoco entiende, y el otro pensó un segundo, y se acordó de su infancia, y le contó que cuando su mejor amigo estaba aburrido en el colegio siempre lo hacía, y a él se le pegó, y hablaron de él y de sus anécdotas juntos, y de cómo algunas cosas le hacían acordar al que ahora era su interlocutor, y terminaron en un largo divague sobre sus vidas, y ahora están callados y juntos escuchando el viento a la orilla del río pero es todo muy distinto a los que están callados y juntos escuchando el viento a la orilla del río, porque aunque ambos parecen haber dado en algún tipo de blanco unos no han tirado correctamente.

Han copiado algunos tics, algunas cosas que parecen ser los resultados, como el alumno que mira la hoja del de al lado y por eso aprueba pero nunca tuvo ni idea de cómo dividir 1240 en 8, aunque en su hoja diga 155 y en su boletín que pasa a quinto año. Pero nunca aprehendieron el método. Con el método no hubieran importado tanto las conclusiones inicialmente, porque la base sólida se habría visto y no hubiera habido obstáculos que sortear al comenzar la construcción, que así se habría ahorrado luego una existencia entera estando torcida. Y, como los problemas de columna, al principio no duelen pero cuando te enterás agarrate.

La ventaja que tienen las relaciones sobre los edificios es que con un buen método inclusive no hay problema si se descubre que algo estaba torcido, no hace falta tirarlas abajo para enderezarlo. Esto si algo está torcido. Pero si lo que está torcido es el método, si a él nunca se le dio bola, entonces se complica. Es una cuestión de gimnasia. Y de voluntad. Si alguien no la tiene, con forzarlo no se gana nada, como no se gana nada forzando a alguien a creer que algo es cierto, porque no lo estará creyendo verdaderamente.

Seguramente habrán escuchado alguna vez a alguien decir sobre otro: "siento que hablamos el mismo idioma". Alguien ciego a las metáforas, u otro intentando ser cómico, dirá: es cierto, los dos hablan español. En realidad nadie habla, ni siquiera "literalmente", el mismo idioma. Mi español no es el mismo que el tuyo, ni que el de ella. Pero al mismo tiempo tienen una identidad, o no podríamos entendernos. Lo mismo pasa con las personas y su más subjetivo ser. Nunca son iguales a otro, pero si "hablan el mismo idioma", en el sentido en el que lo dice el del principio de este párrafo y no el gracioso de después, se entenderán perfecto, porque compartirán un método. Que sean distintos sólo hará la experiencia más interesante, aunque es probable que con el tiempo se terminen pareciendo. Pero nunca del todo, pues el camino es infinito, y por eso siempre tiene sentido no detenerse y seguirlo recorriendo, porque siempre tiene algo más por ofrecer.

Por eso propongo que construyamos a partir del método, porque si no quizás ni siquiera tenga sentido construir o vivir en lo que está construido. Alguien podrá caminar la distancia que lo separa del blanco y clavar la flecha en el centro con la mano pero ¿valdrá la pena? Quizás el árbitro se equivoque y considere que fue clavada con toda justeza, y vea mal y nos anule tres goles y convalide el suyo pese a haber sido en offside, y además justo una paloma se cruce por la línea del arco cuando estábamos por convertir, y perdamos uno a cero. ¿Pero de qué lado será preferible estar? Nadie prefiere perder, pero ganar jugando mal a mí no me dejaría tranquilo. En ese sentido, forzado a elegir entre el que gana y juega mal y el que pierde y juega bien, prefiero perder. Porque, al final, ganaremos.